Título original:
The Jonah Watch: a True Life Ghost Story in the Form of a Novel.
Edición: 288 págs. Valdemar, col. "Insomnia", diciembre 2013.
Disponible en ebook: No.
Precio: 22 € (tapa dura con sobrecubierta).
Traducción: José María Nebreda.
Temática: Terror.
Correlación: Lectura independiente.
Uno a veces sucumbe en la tentación de
considerar a una editorial como una simple fábrica de libros. Su
tarea, simplificada, parece ser solamente el editar libros que se
puedan vender rápido y bien. Del mismo modo, para algunas
editoriales el comprador (ya ni siquiera lector, comprador, a secas)
es de igual modo simplificado, objetivado; es un consumidor, sujeto a
las modas, influenciable. La idea es conseguir que suelte el dinero
ahora, e idear nuevas formas de conseguir que siga haciéndolo en el
futuro, gastando lo mínimo posible en el proceso. Es esa mentalidad mercantil
(comprensible por otra parte) la que provoca, más que ciertas
razones peregrinas que esgrimen los expertos, la desafección
creciente de la población al mundo de la literatura; añádele un
enfoque muy incorrecto al mismo desde la más tierna infancia, y
tendrás una población que lee cada vez menos. Sin embargo, no está aún todo
perdido.
Sigue habiendo –pocas, luchadoras,
dedicadas– algunas editoriales con por lo menos dos cosas que
considero esenciales: proyecto y respeto al lector. El proyecto
implica –para mí– tener un plan editorial concreto, bien definido,
al que ser fiel, en el que uno pueda confiar sabiendo que se seguirá
un criterio y se buscará unos valores concretos. Pasa por trabajarse
unas ediciones cuidadas, revisadas, limpias de erratas, con buenas
traducciones, buenas encuadernaciones y un cierto valor estético.
El
respeto al lector es el dedicarle una atención; mantener la
comunicación, escuchar sus sugerencias o quejas si las tiene, y el
tener en consideración la confianza que éste deposita en la
editorial (y mantenerla, entre otras cosas, acabando las series que
se empiezan). No es fácil, y puede que económicamente no resulte tan rentable a corto plazo como el desprecio que muestran las
fábricas de libros. A la larga, sin embargo, forja lealtades
irrompibles y un cierto eco de leyenda bibliófila. Han pasado ya
muchos años desde que cerraron las colecciones de "Anaya Ultima Thule" o "Siruela Ojo sin Párpado", pero siguen muy presentes. Quien tenga la
suerte de tener algunos de sus títulos, los atesora; y quien los
conoce solo de oídas, los busca con dedicación. Algunas editoriales
o colecciones siguen hoy su estela, y como aquellas, se guían por un
proyecto firme y muestran un gran respeto. Impedimenta es una de
ellas. Otra, ya mítica, es
Valdemar.
“un marco inmejorable para una historia de terror”
Sita en Madrid, la editorial Valdemar
lleva veinticinco años ofreciéndonos un catálogo envidiable y variopinto.
En él encontramos entre otras la colección “Avatares”, que se
centra en la literatura de aventuras y los clásicos juveniles;
“Clásicos”, que presenta los grandes hitos de la literatura
universal en espléndidas ediciones anotadas (recomiendo
especialmente su
Moby Dick); la reciente “Frontera”, que
recupera el
western, género que nunca muere; y por supuesto, la joya
de la corona: la colección "Gótica”, un sueño para los
amantes del terror clásico. En tapa dura, bien encuadernada, en
hojas color crema, a menudo con punto de tela y siempre con
espectaculares portadas, encontraremos entre sus títulos a los
maestros de la literatura gótica; a los conocidos y a los que, no
tan renombrados, Valdemar nos descubre con buen criterio. A medida
que crece la colección, abarca todos los grandes maestros del terror
en un marco temporal que va desde (con algunas excepciones) E.T.A.
Hoffman (
Los elixires del diablo) a los grandes nombres del
terror
pulp: Lovecraft (“Obras completas”, en dos volúmenes),
Howard (
Canaan negro) y Ashton Smith (
Zothique). Pero
Valdemar es una editorial muy ambiciosa. No contenta con ser la
referencia en cuanto a terror clásico, ahora presenta la nueva línea
“Insomnia”, que visto su primer volumen, que enseguida empezaré
a reseñar, va camino de convertirse también en el referente en
cuanto a terror contemporáneo.
Como con "Gótica", "Insomnia" comparte la
edición en tapa dura, esta vez con sobrecubierta, cuya ilustración
para cada tomo correrá a cargo de renombrados artistas; el diseño
es realmente atractivo, con un tamaño algo más manejable que el de "Gótica". El concepto es tremendamente ambicioso: José Maria Nebreda
nos habla de ello en la presentación al primer tomo. La intención
es traer al lector español un cierto tipo de novelas que por las
modas del momento han quedado injustamente arrinconadas; las de
terror puro, de autores “nuevos”, actuales. Y es que, como bien
dice, lo que nos llega es sobre todo literatura fantástica o de
ciencia ficción, y mucha novela negra. Hacía mucha falta una
colección que apostara por este campo, y creo que "Insomnia" va a ser
un gran éxito... sobre todo cuando leo, en esta presentación, que se
buscará sacudir los cimientos del género y recurrir a lo
transgresor, a superar las fronteras que tradicionalmente lo acotan.
Al fin y al cabo, ¿no se basa precisamente el terror en sacudirnos
bruscamente de nuestros marcos de referencia? ¿Qué mejor premisa para
una colección terrorífica?
Para abrir “Insomnia”, Valdemar ha
escogido
La guardia de Jonás, de
Jack Cady, cuyo nombre
(desconocido en España) es sinónimo de calidad, como en el resto
del mundo ya sabían y aquí pronto descubriremos. Valdemar ya tiene
experiencia en los relatos de terror marítimos, y de hecho tiene en
catálogo algunos tomos imprescindibles como
Los mares grises
sueñan con mi muerte y
Cuentos completos de terror en el mar (Valdemar "Gótica"), de William Hope Hodgson, quizás el escritor más
relevante en este subcampo. Jack Cady llevó una de estas vidas que
podemos calificar como “coloridas”, al estilo de
Jack Vance.
Marinero, camionero, leñador, profesor de literatura; polifacético
cuanto menos.
En
La guardia de Jonás, obra con un punto autobiográfico,
Cady
nos presenta un escenario sumamente atractivo; el del salvamiento
marítimo, cuerpo al que él mismo perteneció cuando la guerra de
Corea. El marco del que prácticamente no nos moveremos en todo el
relato son las lanchas de la guardia costera.
Una
lancha, desde mi punto de vista sumamente amateur, es un aparato de
un mundo ajeno; un sitio plagado de cables con nombres propios cuyas
funciones o utilidades se me escapan por completo, y que al parecer
requieren de constante atención por parte de los marinos; un lugar
extraño, de metal o madera gastados, sucios de alquitrán y una
costra de sal, llenos de redes, sacos y percebes. Ver un barco así,
un barco de trabajo, no un bote de ocio, me recuerda mejor que nada
lo ajeno que es el mar, por cuanto no comprendo nada de lo que se
requiere para navegarlo y explotar sus criaturas.
El mar, de hecho, es en cierto modo un territorio de frontera, y los
que viven de él me parecen equiparables a los colonos o a los
pilotos de una nave de exploración; por lo menos cuando hablamos de
una era casi pre-tecnológica. A menudo se recurre al tópico del
terror de explicar que, en los sitios donde la realidad es más
“débil”, donde los límites entre mundos son más tenues, es
donde lo sobrenatural emerge; en este sentido, ¿qué mejor sitio que
la inmensidad del océano?
El sobrecogedor espanto del vacío, que
nos hace constatar la insignificancia humana –que Lovecraft
resaltaba tan bien en sus narraciones, y fue precisamente el mar que
Lovecraft escogió para esconder a su Cthulhu– es palpable en el
océano, forma parte de la vida del marino que navega en un barco
endeble en la superficie de una monstruosa masa de agua de
profundidades insondables, más frías y oscuras cuanto más lejanas.
En ellas se han perdido millones de vidas; en ellas, otros millones
nadan, acechan, invisibles. Es un marco inmejorable para una historia
de terror; o, como Cady la define, por una historia de fantasmas real
narrada en forma de novela.
En
efecto, con una sobriedad y un realismo propios de Hemingway, Cady
nos narra una serie de hechos que suceden entorno a la lancha Adrian
de la guardia costera de Maine; empezarán con la llegada de un nuevo
recluta, Brace, o quizás un poco antes, con la muerte del maquinista
Jensen. Con un punto de vista coral que se reparte entre varios de
los marinos, Cady pinta una historia sencilla y efectiva, usando de
trasfondo el mito bíblico de Jonás –aquel profeta cuya
desobediencia desató la cólera divina sobre el barco donde viajaba,
amenazando con hundirlo hasta que Jonás se lanzó por la borda–
y el uso que los marineros dan al nombre, para señalar a aquel de
entre ellos que consideran atrae la mala suerte.
La guardia de Jonás no es una novela particularmente fácil de
empezar; el lenguaje técnico, propio del mundo marítimo –que en
una iniciativa no muy frecuente Valdemar traduce a pie de página con
entradas de la RAE– y el modo narrativo repartido entre varios
personajes requiere de cierto tiempo para aclimatarse. Es, de hecho,
algo positivo, ya que a la vez que uno se va acostumbrando a tal
argot, la historia avanza y uno se sumerge en la atmósfera
melancólica, siniestra, que avanza desde finales de verano hasta su
culminación a finales de diciembre. El avance del frío y el mal
tiempo parecen una metáfora del desarrollo de la tragedia, que igual
que el clima, se encrudece a medida que avanza el libro.
Pero no creamos que en
La guardia de Jonás encontraremos momentos
gore, violencia o excesos de los que el terror actual parece incapaz
de prescindir; es una historia de fantasmas a la vieja usanza,
climática, que juega con lo que alguien ve o cree ver, con las
interpretaciones que le da y con los efectos que éstas tienen sobre
la tripulación. Apartando
por un momento lo sobrenatural,
La guardia de Jonás es
una
excelente novela que recrea un mundo –el de los hombres de mar– solo al alcance de los grandes escritores, y en el que te permite
sentirte incluido por unos momentos. Sus personajes son complejos;
Lamp, el cocinero, que como todos los cocineros desde Volturno es
orondo, hablador y supersticioso; Dane, primer contramaestre, que
como tantos oficiales grita más que habla; Levere, el capitán,
competente y algo distante; Howard, que parece ser el
alter ego de
Cady; Brace, el novato, patoso e irritable. Pero si bien de entrada
parece que estos personajes correspondan a ciertos arquetipos muy
vistos, Cady les da la vuelta y los vuelve muy humanos y mucho más
redondos de lo que a primer vistazo puedan parecer. De este modo,
incluso aquellos para quienes la etiqueta de “terror” no es un
atractivo podrán disfrutar de la novela.
En resumen; espero –lo considero ya un hecho– que con este tomo
Valdemar abra una nueva era del terror. No hay duda que, si el resto
de libros de la colección mantienen este nivel, lo va a conseguir.
Hay tanto a publicar, tanto a leer, que al pensarlo uno siente un
vértigo equiparable al de la contemplación de una fosa abisal.
Empecemos poco a poco: espero haberos convencido de hacerlo con La
guardia de Jonás.
por Nyarla
enero 23, 2014
3 comentarios
Pues a mi sí me has convencido. Compraré mi primer Insomnia, gracias.
Muy de acuerdo con tus apreciaciones sobre las "fábricas de libros" y las editoriales verdaderamente entregadas con sus lectores y sobre un proyecto al que se aplican con dedicación. En este sentido, me viene a la cabeza -además de Valdemar- las bellas ediciones de Impedimenta, por ejemplo.
Da la casualidad que ando con ganas de meterme más a fondo en terror (propósito este año de indagar en géneros que conozco menos), sobre todo en el que utiliza más la tensión y las intrigas que los elementos gore. Y este parece un título muy interesante desde esa perspectiva... Por no mencionar que esta nueva línea augura futuras publicaciones a las que habrá que estar muy atentos.
Gracias por la recomendación. ;)
A mi este libro me lo recomendó un librero muy mayor y tras leer lo que has escrito... lo mismo le doy una oportunidad. Sobre todo por lo que dice Jolan, hay que hacer propósitos de año nuevo para intentar introducirse poco a poco en géneros que aún o no se han tocado o de haberlo hecho, ha sido algo meramente anecdótico. ^^
Y sí, se nota cuando una editorial piensa con detenimiento cómo quiere tratar a sus lectores, si como simples números que puedan aumentar sus beneficios o como personas con raciocinio que son capaces de disfrutar con un libro.
Hace mucho tiempo que no oyes el suave sonido de la pluma rasgando el pergamino, así que busca en la estantería más cercana y recita los versos apropiados, pero sé cuidadoso o terminarás en la sección prohibida. ¡Por Crom! Los dioses del acero te lo agradecerán.